Hernia de disco
Una hernia de disco se produce cuando parte del material interno de un disco de la columna sale de su lugar a través de una fisura en su envoltura. Los discos son los amortiguadores que hay entre las vértebras; si la hernia toca un nervio cercano, aparece dolor, hormigueo o debilidad en la zona que ese nervio recorre.
Qué se siente
Depende de dónde está la hernia y de si comprime o no un nervio. En la zona lumbar, que es donde aparecen con más frecuencia, el síntoma típico es un dolor que baja desde la cintura hacia la nalga y la pierna, muchas veces hasta el pie. Ese es el recorrido del nervio ciático, y por eso a este cuadro también se lo llama ciática.
El dolor de la pierna suele molestar más que el de la espalda. Puede acompañarse de hormigueo, adormecimiento o sensación de quemazón, y a veces de debilidad: dificultad para pararse en puntas de pie o sobre los talones, o la sensación de que el pie se engancha al caminar.
Es habitual que empeore al estar mucho tiempo sentado, al toser, al estornudar o al agacharse, y que alivie al acostarse o al cambiar de posición.
No todas las hernias dan síntomas. Muchas aparecen en una resonancia hecha por otro motivo y no tienen relación con ninguna molestia. Lo que importa no es solo lo que muestra la imagen, sino si coincide con lo que la persona siente.
Con los años, los discos pierden agua y elasticidad, y su envoltura se vuelve más frágil. En ese contexto, un esfuerzo común, como levantar peso con la espalda flexionada o girar el tronco con carga, puede ser suficiente para que el material interno salga. Muchas veces no hay un momento puntual que la persona recuerde.
Influyen el sobrepeso, los trabajos con esfuerzo físico repetido, las muchas horas sentado o manejando, el tabaquismo y una predisposición familiar.
Es más frecuente entre los 30 y los 50 años, la etapa en que los discos ya empezaron a desgastarse pero todavía conservan su material interno. Afecta algo más a hombres que a mujeres.
Cuándo consultar
Una buena parte de las hernias de disco mejora en el curso de algunas semanas, a medida que el organismo reabsorbe el material que salió. Conviene consultar si el dolor de la pierna no mejora después de unas semanas, si es tan intenso que no lo deja dormir o hacer su vida, si aparece debilidad en la pierna o el pie, o si ya le hicieron una resonancia y quiere entender qué muestra.
Hay señales que no esperan un turno: la pérdida del control de la orina o de los intestinos, el adormecimiento en la zona de la entrepierna y los glúteos, o una debilidad en las piernas que avanza rápido. Indican una compresión importante de los nervios y requieren ir a una guardia de inmediato.
Esta información es orientativa y no reemplaza una consulta médica.